Consternación ha causado en el corregimiento de Arroyo Grande, a un lado de la Vía del Mar, la muerte violenta del comandante de Policía en esa localidad, intendente Pablo Enrique Cifuentes Ospina, quien llevaba 17 años de servicio en esa institución.
El comandante de la Policía Metropolitana de Cartagena, general Henry Sanabria Cely, dijo que el deceso de Cifuentes Ospina es objeto de investigación y lamentó profundamente este hecho. También destacó la trayectoria del intendente, de quien dijo venía realizando una excelente labor en ese corregimiento de Arroyo Grande, como el impulso de actividades deportivas y reuniones con las personas de la tercera edad.
“Lamentamos la partida del señor intendente Pablo Enrique Cifuentes Ospina. Hoy terminan 17 años de servicio a la Policía Nacional y a la comunidad. Desde el año 2016 estaba adscrito a la Policía Metropolitana de Cartagena como un exitoso Policía”.
Sanabria Cely expresó que “las circunstancias en las que muere el intendente son materia de investigación, pero los primeros elementos recogidos en el lugar de los hechos indican que la causa de la muerte, con arma de fuego, fue un presunto suicidio. Continuaremos con las actividades investigativas”.
Por su parte, los habitantes de Arroyo Grande no salen de la conmoción por la muerte de Pablo Cifuentes Ospina.
“Era un hombre ejemplar. Su gran cualidad era resolver los conflictos por la vía del diálogo. Estaba muy entregado a esta comunidad y de verdad que en temas de seguridad y convivencia social habíamos mejorado mucho gracias al compromiso de este comandante”, aseguró la líder cívica Magalis Coronado.
La mujer expresó con profunda tristeza que desde hace un año, cuando Cifuentes Ospina llegó al corregimiento, de una vez comenzaron las acciones para ayudar a mejorar la calidad de vida de los moradores.Confusión
Los detalles de cómo sucedieron lo hechos no fueron dados a conocer por el Comando de Policía de Cartagena; sin embargo, el general Henry Sanabria Cely dijo que las investigaciones se iniciaron de manera inmediata.
Lo que se sabe es que ayer, después de las 10 de la mañana, se veían salir muy angustiados a varios patrulleros llorando y con las manos en la cabeza. Las lágrimas y el llanto eran inconsolables.
“Yo no entendía lo que sucedía. Llegué a la estación para recordarle el compromiso que habíamos adquirido para adelantar algunas actividades con la comunidad y me encuentro con esta lamentable noticia”, destacó la líder Magalis.
En la plaza del pueblo, donde está la estación de Policía, todo ayer era confusión, llanto e impotencia.



